42. Tranquilidad.
Emir
Me sentía más relajado, más tranquilo. Al menos había logrado dormir bastante. El médico entró a la habitación y me informó que, por ahora, no podía irme.
—¿Por qué no puedo irme? —pregunté, consternado.
—Su hermana pidió que permanezca en observación bajo un subtratamiento. Debe quedarse al menos una semana más —respondió con calma.
Iba a insistir, pero en ese momento la puerta se abrió. Al verla, una sonrisa se dibujó en mi rostro. Era Valeria y venía con el niño.
—Luego hablamos, doctor