No pegué un solo ojo durante toda la noche.
Mis pensamientos estaban dispersos alrededor de mi mente y traté de mantenerlos a raya, pero fue casi imposible.
El dolor de cabeza era notable, el temblor en mis manos por igual, pero por suerte Khail no despertó en toda la noche.
Justo antes del amanecer me encaminé fuera de la habitación y recorrí el pasillo del segundo nivel hasta las escaleras.
Aunque estaba aturdida y perdida, necesitaba comer. Mi estómago estaba enfurecido conmigo por no haberl