La sonrisa que brotó de mis labios fue totalmente sincera. La primera en horas después de todo por lo que había pasado.
Estaba frente a una enorme mansión, la casa en donde Adam había pasado la noche en una pijamada.
En cuanto me vio en la entrada corrió en mi dirección y se lanzó a mis piernas para abrazarme desde abajo mientras yo miraba a la misma mujer de ayer, la que había recibido a Adam cuando Lo llevé.
Ella se acercó con pasos lentos y su vestido blanco se apretó alrededor de sus curvas