Mis manos sudaban mientras sostenía el volante con fuerza. Mi corazón seguía palpitando de una forma atroz mientras los árboles a ambos lados de la carretera pasaban como borrones mientras avanzábamos a tan alta velocidad.
Los gruñidos de dolor de Khail no pasaban desapercibidos para mí, por lo que ciertamente necesitaba de todo mi autocontrol para no mirar o preguntar su condición.
Saberlo no arreglaría nada, solo me pondría más nerviosa.
—Te dije que te quedaras en el auto —bramó molesto y me