—Espéreme aquí, no salga, señorita.
Mis ojos se abrieron alarmados cuando el hombre abrió levemente la puerta para salir.
Estaba asustada a morir y sabía que muchos hombres estaban muriendo. Podía ver sus cuerpo en el asfalto desde el cristal frontal.
Sentí ganas de vomitar en ese instante.
Pero todo se puso peor.
Las balas seguían viajando por todos lados y el hombre que empujaba la puerta para salir y poder ayudar a sus compañeros. Pues, terminó con una bala entre ceja y ceja bloqueando la pu