El agua caía por mi cuerpo aliviando el calor que sentía. Mi sangre se sentía como fuego líquido y mi piel se sentía tan ardiente, como si lava líquida se deslizara por ella envolviéndome en un calor sofocante que el agua fría de la ducha se estaba demorando en disipar.
Mis manos estaban apoyadas sobre la pared de azulejos del baño y mi cabeza estaba inclinada hacia adelante sintiendo las gotas deslizarse por mi cuerpo desnudo.
Y pronto las lágrimas comenzaron a descender sin detenerse.
Mis