—¿Sucede algo? —cuestionó tomando mi rostro rápidamente.
Negué lentamente y le di una pequeña sonrisa mientras elevaba mis manos para colocarlas encima de las suyas que se encontraban calientes sobre mi rostro.
—Estoy bien —admití.
Y realmente lo estaba, mis lágrimas no habían sido de tristeza.
—Estabas llorando —puntualizó —tienes la nariz roja y las mejillas sonrosadas ¿hay algo que pueda hacer por ti? —yo negué lentamente.
—Es solo que me dio algo de melancolía, creo —él enarcó una ceja sin