Capítulo 32

Dalia Davis

Estaba segura de dos malditas cosas.

La primera: No estaba en mi habitación. Y la segunda: Alguien estaba detrás de mi aferrándose a mi cintura como si la vida se le fuera en ello.

Lo peor es que yo estaba tan cómodamente entrelazada que sabía que solo podía ser una persona; Khail.

Traté de zafarme de su agarre, pero su brazo me sostuvo en mi lugar y un gruñido suave y ronco me erizó la piel por completo.

—Quédate donde estas, fierecilla, la alarma ni siquiera ha sonado.

Dios m
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Zunilda Andrea BritosMe vuelve loca esta novela! No puedo parar de leerla
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