El regreso a la residencia de James fue en completo silencio. Él estaba preso de una maraña de emociones, el haber compartido un tiempo con su hijo, el haberlo abrazado a su llegada y luego al despedirse. ¡Eso último había sido letal para él!
Y luego, ese enfrentamiento inevitable con Sofia. Sentía que la amaba tanto como la odiaba provocándole una gran contradicción porque mientras le vomitaba esa catarata de reproches y amenazas, a la vez sentía dolor al decírselas. Porque la amaba, dios...