CAPÍTULO 168. El precio de ser culpables.
Capítulo 168
El precio de ser culpables.
Poco después de haber presenciado aquella escena, Diego, sumido en la decepción, se subió a su vehículo y encendió el motor como si el mundo fuera a desmoronarse detrás de él. Las calles se encontraban humedecidas por la suave llovizna qye seguía cayendo sin parar y la rabia que sentía le quemaba en las manos como si el volante fuera una hoguera. Golpeó con fuerza la rueda; la palma de su mano resonó en su cabeza en el impacto.
Maldijo con la voz rota,