—Hola. Vine a...
—A nada... ¿No entiendes que no te queremos aquí? —Me estremezco al escuchar a Micaela decir esas palabras, pero no digo nada. Estando Alex a tan pocos pasos de mí, me sentía desarmada—. ¡Ya vete a tu enorme castillo y déjanos en paz!
—Micaela...
—¿Qué? ¿Vas a aceptarla en la casa? —Pregunta la rubia alterada y el castaño simplemente suspira como si estuviera cansado—. Sabes que fue por ella que...
—¡Ya cállate, Micaela! —La rubia sucumbe ante aquel grito lleno de cansancio y g