El Señor Lee asintió y dijo: “Es bueno que venga. Después de todo, esto es una revolución y habrá sacrificios”.
Tiniebla no dijo nada más. Tampoco el Rey, que fijó su mirada en el tablero de ajedrez.
Pasaron minutos y segundos.
Afuera…
Se acercaban una gran cantidad de vehículos militares. Algunos de los soldados del Ejército de la Llama Roja completamente armados salieron de sus coches y rodearon el palacio.
Había guardias en el palacio. Eran miembros del Ejército Prohibido del Rey, así co