James levantó la mano para detener a Thea.
“Lo siento…”.
Con una mirada de disculpa en su lamentable rostro, Thea se disculpó profundamente: “Lo siento. Todo es culpa mía por involucrarte”.
“Envíala de vuelta a Cansington, Henry”,
habló James con gran dificultad.
“Yo…”.
Al escuchar esto, Thea empezó a sollozar.
Con los ojos llenos de lágrimas, miró a James de forma suplicante. “¿Cómo puedo irme sabiendo que estás en tal estado? Por favor, deja que me quede. Puedo cuidar de ti”.
“