James bostezó.
Su agotamiento se filtró hasta sus mismos huesos. Necesitaba descansar.
Después de saciar la curiosidad de los incansables reporteros, dio media vuelta y subió al convoy.
Volvió a decirle al conductor: “Muy bien, vamos. Entra en el Palacio del Dragón Negro”.
“Entendido”.
El conductor volvió a arrancar el motor. Bajo la atenta mirada de la multitud, lentamente se abrió paso hacia el Palacio del Dragón Negro.
Se difundió la noticia de la entrevista de James.
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