James se puso en pie y se dio la vuelta para mirar a Thea. “Tú eres la presidenta. Ordena al departamento de finanzas que pague la indemnización”.
“James, ¿q-qué…?”. Thea estaba perdida.
Pensó que James resolvería el problema. Sin embargo, después de su postura y sus palabras vacías, ahora estaba aconsejando a los Callahan que pagaran.
Desde el interior del edificio se escuchó una airada reprimenda: “¿Qué haces, James? ¿Diez millones de dólares? ¿Estás bromeando? No me sorprendería que te hub