El duro y metálico clic del percutor al amartillarse resonó en el silencioso vestíbulo. Fue el sonido más fuerte del universo.
Un frío cañón de acero se presionó directamente contra la base del cráneo de Alejandro. La aterradora realidad de la situación me heló la sangre en las venas. La victoria en la cumbre era una frágil ilusión. Habíamos salido de las brillantes luces del escenario público y entrado directamente en una trampa oscura y letal.
El fuerte olor a pólvora quemada se mezclaba con