**Capítulo 41: La trampa de acero**
El oscuro cañón de acero de la pesada pistola se clavó sin piedad en la sien sangrante de Marcus.
El imponente jefe de seguridad cerró con fuerza sus ojos hinchados. Era un hombre construido de puro hierro y lealtad feroz. Había sangrado en el suelo de nuestro ático para protegernos. Ahora estaba arrodillado en el hormigón helado del puerto marítimo, atado y maltrecho, esperando el disparo fatal.
El viento helado del océano azotó el estrecho laberinto de los