Valentina cerró la pesada puerta de roble del despacho, haciendo una leve mueca cuando el pestillo de latón encajó en su lugar con un clic. El sonido fue inmediatamente engullido por el vasto y opresivo silencio del pasillo de mármol. Apoyó la espalda contra la suave madera por solo una fracción de segundo, forzando a su respiración errática a ralentizarse hasta alcanzar un ritmo constante y medido. Sus manos temblaban violentamente. Los archivos digitales que acababa de leer en el portátil pla