Alfredo entrecerró los ojos y observó a Darryl de pies a cabeza.
“¿Nada de valor? Amigo, ¿a quién demonios intentas engañar? La túnica que tienes puesta ahora mismo no es algo que cualquier hombre pudiera permitirse. Si no me equivoco, debes de ser algún joven amo de una familia adinerada, ¿verdad?”.
Alfredo robaba con frecuencia y tenía cierto conocimiento de esas cosas. La túnica que tenía puesta Darryl no era algo que un plebeyo normal pudiera permitirse.
Ojos afilados.
Darryl se sorprend