Darryl hizo algunas preguntas sobre los antecedentes de Raquel.
Raquel vino preparada. Respondió a todas las preguntas con facilidad, y hacerla ceder era difícil.
Darryl no tenía ninguna buena razón para seguir interrogándola.
Después de terminarse la comida, Raquel se sentó junto a la fogata y se secó la ropa. Entonces se acercó a Darryl y le dijo suavemente: “Señor, debe de estar cansado. Déjeme masajearle las piernas”.
Raquel era amable y cariñosa, pero sus ojos mostraban rastros de frial