“Por favor, esperen un momento”.
Arturo sonrió y respondió con calma: “Mi maestra sufre de una enfermedad crónica, por lo que rara vez sale. Me temo que todavía está descansando en su habitación”.
Luego, aplaudió y dijo: “Sírvanle el té a estas dos distinguidas invitadas, por favor”.
Tan pronto como terminó de hablar, dos sirvientas entraron al salón, trayendo las tazas de té recién preparadas. Sirvieron una taza para cada una de las invitadas.
El aroma del té impregnaba todo el salón.
“Hue