“¡Darryl!”, gritó una Yvette ligeramente despeinada.
Entre la espada y la pared, y sin poseer ningún tipo de habilidad real, todo lo que Yvette podía hacer era pedir ayuda a gritos. Ser testigo de aquella lamentable escena solo había hecho que la sonrisa de Grunt fuera aún más evidente.
Manteniendo su extraña sonrisa, continuó diciendo: “Has violado las reglas celestiales al proteger a un demonio. Una vez que esto se haga público, enfrentarás innumerables amenazas. Puedes ser fuerte, pero ¿no