Darryl se mostró reacio a llevar esas frutas preciosas a la Emperatriz Heidi.
Sin embargo, no tuvo elección. Había fingido ser un recién llegado y, si insistía en no ir, su identidad quedaría expuesta.
Judith estaba radiante cuando vio que Darryl finalmente accedió a aceptar la tarea. Ella se sintió aliviada.
‘Esto es grandioso. ¡Darryl ha asumido la tarea! Ahora, mis hermanas y yo ya no necesitamos preocuparnos por ser castigadas por la Emperatriz Heidi’.
La exultante Judith tomó la mano de