Darryl respiró hondo para calmarse. Ese Chester Wilson realmente tuvo el descaro de recibir la noticia de su liberación.
Contestó el teléfono y escuchó la risa de Chester.
“¡Jaja! Hermano, escuché que saliste de la cárcel hoy. ¡He preparado un festín para que te laves tu mala suerte! No te vas a negar, ¿verdad?”.
Habló en su tono habitual no sofisticado, sonando alegre.
“Hermano Chester, en efecto estás bien informado”, se rió Darryl en respuesta. “Sí, seguro. ¿Dónde estás?”.
“Estoy bien. P