Jaja…
Al ver su adorable mirada, Ambrose no pudo evitar reírse. Él extendió la mano y le dio un golpecito a la nariz de Eira. “No seas educada conmigo. Solo dime si hay algo e intentaré ayudarte lo mejor que pueda”.
Él era el Príncipe. Haría todo lo posible por llevárselo, incluso si fuese la luna y las estrellas, con tal de que a Eira le gustara.
“Hermano Ambrose…”.
Eira ladeó su cabeza con una mirada avergonzada antes de decir en voz baja: “Escuché... que las sectas del Universo Mundial ha