Honestamente, Monica quería educar a Ambrose de manera estricta, pero para ese entonces, su corazón ya sabía que Ambrose había crecido. Él ya dejó de ser su niño pequeño.
“¡Está bien… entonces! ¡Madre, descansa bien!”. Ambrose suspiró en silencio, dió la vuelta y salió de su habitación.
“¡Su Alteza!”.
Un eunuco se le acercó en apuros afuera de la recámara. “¡Una señorita quiere verlo en la entrada del palacio!”.
‘¿Otra señorita? Debe ser una de las discípulas de la Secta Emei de Megan’.
Amb