En ese momento, Ambrose y Eira se miraron mientras la atmósfera en el palacio cambiaba un poco.
“¡Hermano Ambrose!”.
Unos segundos más tarde, Eira recuperó el sentido y preguntó gentilmente: “¿P-por qué dejaste ir a esas sectas?”.
Eh…
Ambrose se rascó la cabeza y estaba confundido.
Él sabía que no podía mencionar a Megan frente a Eira, por ende, ¿cómo debía explicárselo?
“¡Su Majestad ha llegado!”.
No obstante, un eunuco de pronto gritó en voz alta desde afuera del salón principal justo c