Con muchas, pero muchas batallas, Sara por fin terminó el encargo de su jefe, los ojos le ardían y los dedos le dolían por tanto teclear, imprimió rodó y se lo llevó a la oficina del empresario
— Señor, he terminado, aquí está lo que me pidió, ¿necesita algo más? ya la mayoría del personal se ha marchado, pero si gusta nos podemos quedar a hacer horas extras — Sugirió la sensual mujer, se movía por la oficina con la candencia de una gran serpiente
— No, no es necesario, puede marcharse, la espe