CASSAIN
—Así es como se gana un juego, señores...
La multitud grita mi nombre, las cámaras flashean por todas partes, mis compañeros me golpean la espalda como si acabara de asegurar el universo, pero lo único que siento es agotamiento y algo afilado bajo las costillas: el duelo.
Me quito los guantes, los lanzo al banco y roto el cuello una vez. El sudor gotea por mi espalda. Mi lobo está inquieto y Maddox está más callado de lo habitual.
Salgo del túnel y veo a Sebastian, con su perfume caro,