CASSAIN
—Vamos, Evelessa...
Debería haber sabido que el universo no nos dejaría tener ni un solo día de paz.
Solo uno.
Sin monstruos.
Sin enemigos ancestrales.
Sin política sobrenatural.
Pero no.
En su lugar, estoy en la cocina viendo a Evelessa caminar de un lado a otro como una tormenta con forma humana. Lo cual significa que algo ha pasado.
—Muy bien —digo con cuidado, apoyándome en la encimera—. ¿A quién tengo que matar?
Ella deja de caminar. Me fulmina con la mirada.
—A nadie.
Me relajo u