EVELESSA
—Ya vienen.
No pregunto quiénes. Ya lo sé. El aire me lo dice. El cambio en la energía. La tensión presionando contra las paredes. La forma en que suenan los sellos; no como una advertencia, sino por el esfuerzo.
—Llegan temprano —murmura Lucian detrás de mí.
—Están desesperados —corrijo.
Es lo mismo. Pero la desesperación hace que la gente sea descuidada. Y esta noche, lo descuidado es peligroso.
—¿Cuántos? —pregunta Cassain, poniéndose a mi lado.
No me giro. No lo necesito.
—D