DESCONOCIDO
—Es tan bueno estar aquí fuera de nuevo.
Estar otra vez en el mundo mortal se siente surrealista pero bien; ha pasado mucho tiempo, demasiado en realidad, pero la noche sabe dulce. Más dulce que un voto. Más amarga que el engaño.
Me detuve bajo la rama torcida de un roble agonizante, con una mano enguantada en cuero y la otra desnuda, trazando con mi dedo la curva fría de mi anillo. La piedra oscura pulsaba suavemente bajo mis dedos, llena de esa hambre lenta y silenciosa que siempr