ALEXANDER
—Realmente debí haberme quedado en casa.
—Empuja.
La voz de Lucian es tranquila. Lo cual es exactamente como sé que esto no es normal.
—Estoy empujando —espeto, apoyando mis manos con más fuerza contra la pared invisible frente a nosotros.
Invisible para los humanos. No para mí. Para mí, parece que la realidad se está pelando. Como si algo estuviera intentando salir de la existencia a zarpazos y nosotros lo estuviéramos obligando a volver a entrar. O a salir. Honestamente, ya ni siqui