EVELESSA
El campus se ve casi pacífico esta tarde. Los estudiantes caminan por el patio riendo, la música flota débilmente desde el edificio de artes escénicas y los grandes ventanales de cristal del estudio de danza reflejan la luz dorada del sol. Por un momento, casi se siente normal.
Aprieto el agarre de las pequeñas manos envueltas alrededor de mis dedos.
—Quédense cerca —les digo.
Cuatro pares idénticos de ojos brillantes me miran.
—Sí, Mamá.
Mis hijos se han acostumbrado a la atención. A