EVELESSA
—Deja de poner esa cara.
La voz de Alexis me saca de mis pensamientos. La miro de reojo.
—¿Qué cara?
—Como si estuvieras esperando que el techo colapsara.
—Podría pasar.
Ella pone los ojos en blanco.
—Estamos en una tienda.
—Sí.
—Una tienda normal.
—No existe tal cosa.
Ella resopla.
—Eres agotadora.
—Y aun así —digo, tomando una prenda e inspeccionándola con pereza—, tú me invitaste.
—Yo no te invité —murmura ella—. Tú me seguiste.
—Es lo mismo.
Ella me lanza una mirada fulminante. Son