Magnolia miró al hombre alegre que tenía a su lado, ¿quién demonios le había dado valor?
Retiró la mirada, —bueno, parece que realmente tienes valor, pero te aconsejo que agaches la cabeza y no dejes que mis hermanos sepan que has venido a Ciudad Sur, o acabarás mal.
—¿Te preocupas por mí?
Ante la mirada burlona del hombre, Magnolia inclinó la cabeza y dijo, —Yo tampoco creía que el señor Vargas fuera tan narcisista. Al menos eres el padre de Aria. En caso de que te ocurra algo, no podré explicá