Magnolia, fingiendo no haberle oído, abrió la puerta del coche y se marchó corriendo.
Ricardo la vio entrar en el coche a través de la ventanilla antes de retirar la mirada, pero se recostó en el asiento trasero del coche y no se movió.
Levantó la mano y se quitó la corbata, lo que le refrescó un poco.
No pudo evitar encender un cigarrillo, y solo después de darle una calada logró suprimir el calor de su cuerpo.
Miró hacia la villa, que estaba cerca, y su mirada era sombría.
Al otro lado, Magnol