Rosalía vio a Alexandra en ese estado y al instante tuvo que hacer algo ya, no podía quedarse sentada esperando.
Después de mirar a su hijo, tenía que hacer planes para su hijo aunque no pensara en sí misma.
Rosalía marcó inmediatamente un número y ajustó el tono, —Tía Vargas, hay algo que no sé si debo contarte, se trata de Ricardo, trajo a una mujer de Oestelanda.
La señora Vargas al otro lado del teléfono estaba tranquila, —Me he enterado, la otra parte parece ser una joven de la familia de C