Ricardo se quedó un poco mudo, luego cogió el albornoz y se lo puso, mirándola con los ojos bajos. —Sigue lloviendo, así que hoy no podrás salir de Oestelanda.
—Entonces, ¿no hay forma de que venga nadie de fuera?
Aria se sintió aliviada al pensar que su mamá tampoco podría venir, así que al menos no tendría que recibir el azote de su mamá actualmente.
Ladeó la cabecita, —Riqui, ¿por qué no me acoges un día más y luego te pagará mi mami?
Ricardo no pudo evitar pellizcar su carita redonda, —Tengo