Justo en ese momento, golpearon la ventana del coche. Ricardo frunció el ceño y la bajó, murmurando molesto: —¿Quién anda ahí?
—Oigan, soy oficial de tránsito. Disculpa la molestia, pero no pueden quedarse aquí. Si quieren hacer algo, mejor váyanse a un hotel.
En el exterior del vehículo, se encontraba un hombre de mediana edad en uniforme de policía, con una sonrisa que parecía saberlo todo en su rostro.
Magnolia se tapó la cara con la mano nada más ver al policía, pensando que era demasiado em