Ricardo bajó la cabeza y miró su expresión inocente y pura, como si él fuera el malo, lo que reavivó su ira que ya había comenzado a calmarse. Sus ojos se posaron en los labios de ella y, sin pensarlo, los besó, esperando que eso la hiciera callar.
Magnolia se quedó petrificada, olvidando incluso respirar.
¿Qué demonios estaba haciendo él?
Cuando ella volvió en sí y trató de apartarlo, se dio cuenta de que su pecho era como una roca, imposible de mover. Lo miró con los ojos muy abiertos, sintien