—¿Sólo llamaste al azar? —repitió Ricardo incrédulo, enfurecido al punto de jalar su corbata con fuerza.
Él había pensado que ella estaba en peligro, dispuesto a dejar atrás millones de negocios para acudir en su rescate, pero resultó que sólo estaba siendo castigada por perder una apuesta.
¡Ganas no le faltaron de estrangularla!
—Magnolia, realmente eres increíble, ¿eh? Pero la próxima vez, si te pasa algo de verdad, ¡asegúrate de no llamarme!
Su voz rebosaba de rabia, y tras decir eso, se dio