Al escuchar eso, Diego se quedó atónito por un momento antes de estallar en carcajadas. —Magnolia, tienes toda la razón. Sólo un tonto haría algo así. ¡Eres muy astuta!
Mientras tanto, Ricardo, quien había comprado el cuadro, se sintió como si llevara puesta una gorra invisible con la palabra «tonto» grabada en ella. Agarró con firmeza su placa con número y miró en silencio la pintura, pero en lugar de sentir alegría, solo experimentó una sensación de impotencia en su corazón.
Magdalena hizo un