La señora Vargas no era más que una egoísta, que lo ocultó durante tantos años para su propio beneficio y como resultado actuó como si fuera humillada.
Exclamó la señora Vargas, —¡si mi hijo viviera, no me hubiera tratado así! Como no es mi hijo biológico y nació de esa amante, así que es un ingrato. ¿No debería devolverme el favor porque lo crie? ¡Ves cómo me trata!
Ricardo habló sin expresión, —entonces, ¿qué quieres?
—Quiero todo de la familia Vargas. Ya que no quieres tener hijos y quieres d