Punto de vista de Leila
—Hola, pequeña cachorra. Es hora de la merienda —escuché la voz de Amelia llamar desde la puerta, acompañada de una risita, y algo se removió dentro de mí. Sé que normalmente me enojo y que algunas de las cosas que ella hace se vuelven insoportables, pero hoy sentí como si me hinchara de orgullo y ella acabara de pisotearlo.
Desde el hueco entre los barrotes de hierro, hizo rodar la comida hasta donde yo estaba hecha un ovillo. Es curioso cómo el hombre que se hacía llam