Regresé a la mansión y bebí un vaso de agua para calmar mis nervios, que estaban a flor de piel. Suspíré cuando llegué a mi habitación y me dejé caer sobre la cama, mirando fijamente al techo. Coloqué una mano en mi frente y cerré los ojos; estaba confundida. Aquello definitivamente era una alucinación y no le habría dado importancia si no tuviera este presentimiento últimamente. Necesitaba saber más, sabía que era peligroso y no debía querer descubrir más de lo que me era de incumbencia, pero