Evadne
Théo me envuelve con fuerza en sus brazos mientras me lleva suavemente hasta nuestra habitación. La noche se despliega ante nosotros con un aura mágica, como si el peso del horror de la guerra y el conflicto se disolviera en la oscuridad. Con una gentileza exquisita, deposita mi cuerpo sobre la cama y me regala una sonrisa cómplice acompañada de un sugerente guiño.
—Antes de cualquier cosa, necesito darme una ducha —murmura con una voz profunda y resonante que reverbera en la habitación.