El vibrar del teléfono de Alejandro rompió la tensión contenida mientras tomaban asiento en la mesa principal. Con un movimiento quirúrgico, extrajo el aparato y leyó la pantalla. Miró a Virginia y asintió una sola vez. El equipo de extracción estaba dentro de la mansión.
Al otro lado del salón, la cena comenzó a servirse, pero para Rodrigo el aire se había vuelto irrespirable. Sus ojos no dejaban de desviarse hacia Virginia. No podía ser ella. Virginia era una mujer rota, una sombra que él