Elena
Ya no pude pelear más contra esa atracción. Después de aquel beso en el balcón, el cuerpo me ardía por Daniel. Nos escapamos del lodge en silencio, como ratones bajo la noche oscura. Él nos llevó en el camión hasta un pequeño hotel cercano, el motor retumbando por las carreteras de montaña. El silencio era denso y cargado. Yo le robaba miradas, el corazón latiéndome con fuerza. Sus manos apretaban el volante con fuerza, como si se contuviera de tocarme ahí mismo.
«¿Estás segura de esto, E