Elena
Salí al balcón cubierto de nieve más tarde esa noche, después de que se desvanecieran las risas y los buenos noches de la cena de bienvenida. El aire de la montaña se sentía frío y cortante en la cara, como si pudiera despertarme de este sueño loco. Los copos de nieve flotaban lentos y silenciosos, haciendo que todo pareciera suave y mágico bajo la luz de la luna. Solo necesitaba aire fresco para despejar la cabeza porque el corazón aún me latía a mil por la cena. Ver a Daniel otra vez ha